Posteado por: lay11 | 14 mayo, 2013

La Ascención del Señor – Domingo 12 de Mayo del 2013

La Ascensión

La Ascención de Jesús

 

La muerte de un miembro de su familia o de un amigo querido, debe ser el acontecimiento más triste imaginable en la vida de un ateo. Él es quien realmente está convencido de que no hay Dios, no hay vida futura y por lo tanto que el familiar o amigo es convertir en polvo en la tumba, que nunca se reunió con el nuevo. La idea de que cada día que pasa le trae muy cerca a ese triste destino mismo, la muerte, que será el fin de todas sus ambiciones, todos sus placeres, el fin de todo lo que él pensaba que era o había, debe ser algo difícil de vivir.

Gracias a Dios, tenemos la suerte de conocer, y la razón y la fe nos convencemos de esta verdad, que la muerte no es el fin del hombre. Es más bien el verdadero comienzo. Del día de fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor en su naturaleza humana, a su padre y de la casa de nuestro Padre, es la confirmación y la garantía de esta doctrina de la fe. A todos nos levantaremos de la tumba con nuevos cuerpos glorificados y ascender al cielo, como lo hizo Cristo. No vamos a empezar nuestra verdadera vida de la felicidad eterna.

Si bien es cierto que, incluso para los buenos cristianos la muerte de un ser querido es una de las causas del dolor y las lágrimas, esto es natural ya que todavía somos de la tierra, terrenal. Sin embargo, la certeza de que nuestro ser querido se ha ido a su verdadera vida y estará allí para reunirse con nosotros cuando llegue nuestro turno, está siempre en el fondo de nuestra mente para consolar y confortar a nosotros. Lo que todos los seres humanos quieren es vivir para siempre con nuestros seres queridos. La muerte rompe la continuidad, pero sólo por un rato. Esa pausa es necesaria para la nueva vida que comienza.

Es sólo en el cielo que este deseo natural de una vida sin fin con todos aquellos que amamos se puede realizar y la muerte en la tierra es la puerta a la vida eterna.

Mira al cielo hoy. Ver Cristo ascendiendo a su Padre y nuestro Padre. Diga: Gracias, Dios, por haberme creado, y por darme, a través de la encarnación de tu Hijo amado, la posibilidad y la certeza de que si hago mi parte aquí, cuando llegue la muerte no será un enemigo, sino un amigo, para mí la velocidad en mi camino a la verdad, la vida sobrenatural que tiene, en su amor, planificado y preparado para mí.

Fue escrito, y predijo que Cristo padeciera y así entrara en su gloria. El siervo no es más que su maestro. Yo también debo sufrir. Yo también debo aceptar las dificultades y las tribulaciones de esta vida, si yo quiero, y voy a hacer, para entrar en la vida de la gloria. Cristo, que era sin pecado, sufrió dificultad y dolor. He ganado muchos, si no todos de mis dificultades, por mis propios pecados. Debería estar contento de la oportunidad de hacer algo de expiación por mis ofensas pasadas, aceptando de buen grado las cruces que me envía. Estos cruces son signos de interés de Dios en mi verdadero bienestar. A través de él, me está dando la oportunidad de prepararme para el día del juicio final, para el momento de mi muerte que decidirá mi futuro eterno. Para cada oración que digo para el éxito en la vida, debo decir, tres por una muerte exitosa, una muerte libre de pecado y en paz con Dios.

Se exceptúan de The Sunday Lecturas, p. Kevin O’Sullivan, O.F.M.

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